Antes de que Parasite sacudiera al mundo y pusiera el nombre de Bong Joon-ho en el centro de la conversación global, el director surcoreano ya había firmado una de las obras más inquietantes y lúcidas del cine contemporáneo. Memories of Murder (2003) no es solo un thriller policial sobresaliente: es una radiografía moral de un país, una reflexión sobre la impotencia del sistema y una lección de cómo contar un crimen sin recurrir a soluciones fáciles.
La película se sitúa en una zona rural de Corea del Sur durante los años ochenta, donde una serie de asesinatos de mujeres desconcierta a la policía local. Lejos del arquetipo del detective brillante, Bong presenta investigadores torpes, impulsivos y profundamente humanos. Golpean sospechosos, improvisan teorías absurdas y se aferran a intuiciones que se desmoronan una y otra vez. El foco no está en el asesino, sino en la desesperación de quienes intentan atraparlo sin contar con las herramientas ni la preparación necesarias.
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Ese fracaso constante no es casual. Memories of Murder utiliza el caso para retratar una Corea del Sur marcada por la represión, la violencia institucional y la precariedad de sus mecanismos de justicia. El contexto político y social atraviesa cada escena, dejando claro que el crimen no ocurre en el vacío. La brutalidad policial, el machismo y la ineficiencia estatal se convierten en parte del mismo entramado que permite que la violencia se prolongue.
Desde el punto de vista autoral, la película funciona como un manifiesto temprano de Bong Joon-ho. Ya están ahí su humor negro incómodo, su capacidad para pasar de lo absurdo a lo trágico en cuestión de segundos y su mirada crítica sobre las estructuras de poder. Cada plano está cargado de intención, y la atmósfera opresiva se construye más desde la espera y la frustración que desde el suspenso convencional.
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Lo que termina de consagrar a Memories of Murder es su negativa a ofrecer una catarsis reconfortante. No hay resolución clara ni sensación de justicia restaurada. Bong obliga al espectador a convivir con la incomodidad y a mirar de frente la impotencia de un sistema que falla. Más de veinte años después de su estreno, la película sigue siendo un referente del thriller y una obra imprescindible para entender por qué Bong Joon-ho es uno de los cineastas más importantes de nuestro tiempo.