Este anime ha sido celebrado y criticado por muchos, pero cumple 20 años y sigue en marcha
Santiago Díaz Benavides
Si la vida hubiese querido otro destino para mí y me hubiese dado la opción de escoger, seguramente sería mangaka o futbolista, pero ni dibujo bien ni coordino tres pases, así que mejor me quedo escribiendo sobre libros y películas.

Entre la épica, la política y la controversia, la producción llega a sus dos décadas como una de las obras más influyentes —y discutidas— del anime moderno.

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Han pasado veinte años desde que Code Geass irrumpió en la televisión japonesa y, sin exagerar, lo cambió todo para una generación de espectadores. Estrenado en 2006 y producido por Sunrise, el anime se presentó, en apariencia, como otra historia de mechas al uso. Bastaron pocos episodios para entender que había algo más ahí: una narrativa atravesada por el anticolonialismo, la desobediencia civil, la ética del poder y una pregunta incómoda que todavía resuena hoy: ¿hasta dónde se puede llegar cuando el fin parece justificar los medios? Amado por muchos y cuestionado por otros tantos, Code Geass se convirtió en un fenómeno cultural que nunca ha dejado de generar debate.

Buena parte de ese impacto se explica por Lelouch Lamperouge, uno de los protagonistas más complejos que ha dado el anime. No es un héroe clásico ni pretende serlo. Es un estratega brillante, un revolucionario dispuesto a sacrificarlo todo —incluida su propia humanidad— para derribar un sistema opresor. La serie no lo absuelve ni lo condena del todo, y ahí reside parte de su grandeza. Code Geass incomodó porque obligó a mirar de frente las contradicciones del poder, incluso cuando este se ejerce en nombre de una causa aparentemente justa.

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A nivel técnico, la animación de Sunrise, el diseño de personajes de CLAMP y una puesta en escena que supo equilibrar espectacularidad y reflexión terminaron de sellar su lugar en la historia del anime. Pero también fue una obra excesiva, a ratos grandilocuente, con giros narrativos que dividieron a la audiencia. Ese carácter desbordado es, paradójicamente, lo que ha mantenido viva la conversación durante dos décadas. Code Geass nunca fue un anime tibio: o se lo defendía con pasión o se lo discutía con la misma intensidad.

Aunque muchos asocian la franquicia únicamente a la serie original, lo cierto es que Code Geass nunca se detuvo del todo. En 2019 llegó Code Geass: Lelouch of the Re;surrection, una película que continuaba la línea temporal alternativa planteada por los filmes recopilatorios. Más recientemente, en 2024, Code Geass: Rozé of the Recapture amplió el universo con una nueva generación de personajes, ambientada varios años después de los eventos originales. Señales claras de que Sunrise no estaba lista para cerrar el libro.

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Ahora, con el aniversario número veinte, el estudio ha confirmado un nuevo anime que seguirá expandiendo este universo. El proyecto estará dirigido por Kazuya Nomura (Heavenly Delusion, Moriarty the Patriot), con guion principal de Mado Nozaki, diseños de personaje a cargo de Rolua y diseños mecánicos de Yoshi. El primer material promocional deja ver un cambio de estilo evidente, una apuesta por renovar la estética y, probablemente, también el enfoque narrativo.

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Eso sí, todo apunta a que Lelouch ha quedado definitivamente en el pasado. Sunrise parece decidido a proteger el legado del personaje sin explotarlo hasta el agotamiento, una decisión tan arriesgada como coherente. Curiosamente, el único regreso confirmado de Lelouch será fuera del anime, en un musical teatral que se presentará en Japón por tiempo limitado. Un gesto extraño, casi poético, para un personaje que siempre desafió las formas tradicionales del relato.

Veinte años después, Code Geass sigue siendo un campo de batalla ideológico, narrativo y emocional. Y quizá ese sea su mayor triunfo: no haber envejecido como una pieza de nostalgia, sino como una obra que aún interpela, incomoda y obliga a tomar postura.

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