El comentario de Stephen King que reabrió la polémica alrededor de una icónica película de Martin Scorsese
Santiago Díaz Benavides
Lector, melómano, miope curioso y cinéfilo. Me dicen El Profesor. Vivo en Bogotá con mi prometida y dos perros.

Una frase breve del escritor volvió a encender un debate que parecía cerrado en la historia del cine.

SensaCine Colombia

Hablar de “la mejor película de todos los tiempos” es uno de esos ejercicios tan apasionantes como inútiles. Ningún consenso es definitivo y cada generación parece reescribir la lista a su manera. Aun así, hay títulos que regresan una y otra vez a la conversación, como si el canon necesitara reafirmarse. Uno de ellos es Toro salvaje (Raging Bull, 1980), la película de Martin Scorsese protagonizada por Robert De Niro que muchos críticos, cineastas y académicos han defendido como la cima absoluta del séptimo arte. O al menos así era… hasta que Stephen King decidió decir “no”.

La chispa la encendió la escritora Megan Abbott, quien afirmó en redes sociales que la cinta pugilística de Scorsese sigue siendo, sin discusión posible, la mejor película jamás hecha. La respuesta de King no pudo ser más escueta ni más incendiaria: “Lo siento, pero no”. Sin argumentos, sin matices, sin explicación adicional. Solo esa negación tajante que bastó para reabrir una polémica que parecía archivada en los libros de historia del cine.

Google

La opinión del autor de It no es menor. Más allá de ser uno de los escritores más adaptados de todos los tiempos, Stephen King es un espectador voraz, atento al cine y la televisión contemporáneos. Su relación con la pantalla grande ha sido siempre compleja, incluso incómoda. Basta recordar su ya legendaria animadversión hacia El resplandor de Stanley Kubrick, una película venerada por millones y que, paradójicamente, adapta una de sus novelas más celebradas. Para King, la frialdad de Kubrick traicionaba el corazón emocional de su historia, una postura que lo ha acompañado durante décadas.

Que ahora descarte Toro salvaje como “la mejor película de la historia” no significa, necesariamente, que la considere una mala obra. Más bien parece una reacción al absolutismo con el que ciertos títulos son elevados a un pedestal inamovible. Scorsese, De Niro y la caída moral de Jake LaMotta han sido analizados hasta el agotamiento: el blanco y negro abrasivo, la violencia casi ritual, la masculinidad herida que se descompone frente a la cámara. Todo eso sigue ahí, intacto. Lo que King pone en duda es la idea de que exista una obra definitiva, incuestionable.

Getty Images

El comentario también invita a mirar hacia otro lado: el propio 1980 fue un año clave para las adaptaciones de King, y no es casual que su respuesta llegue cargada de esa memoria personal. El escritor nunca ha ocultado que valora más aquellas películas que, aun imperfectas, conectan con su universo narrativo y emocional. En ese sentido, su criterio rara vez coincide con el de los rankings canónicos.

Hoy, mientras nuevas adaptaciones de su obra siguen llegando a cines y plataformas —como El hombre del saco, basada en uno de sus relatos más inquietantes—, Stephen King vuelve a demostrar que no le interesa complacer al consenso. Su “lo siento, pero no” no es una provocación gratuita, sino un recordatorio: el cine, como la literatura, vive del desacuerdo. Y quizá ahí radique su verdadera grandeza.

facebook Tweet
Noticias relacionadas