Olvídate de 'Dragon Ball': El nuevo anime de acción y fantasmas que está rompiendo el internet con su animación
Santiago Díaz Benavides
Si la vida hubiese querido otro destino para mí y me hubiese dado la opción de escoger, seguramente sería mangaka o futbolista, pero ni dibujo bien ni coordino tres pases, así que mejor me quedo escribiendo sobre libros y películas.

Dos temporadas han bastado para convertirlo en un fenómeno generacional que entiende mejor que nadie el caos, el humor y la energía del presente.

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Durante años, el anime de acción estuvo dominado por una lógica clara: héroes en ascenso, peleas cada vez más largas y una épica que se construía a fuerza de repetición. Dandadan llegó para dinamitar esa fórmula sin pedir permiso. Con dos temporadas ya estrenadas, la serie dejó de ser “la sorpresa del año” para consolidarse como uno de los fenómenos más comentados y celebrados del anime reciente, no por nostalgia ni por herencia, sino por entender mejor que nadie cómo se consume y se siente la animación hoy.

Desde su premisa, Dandadan se mueve en el exceso. Fantasmas, aliens, maldiciones, poderes absurdos y humor deslenguado conviven sin jerarquías claras. Pero lejos de ser un caos sin control, la serie demuestra una conciencia total de su propio lenguaje. Cada episodio avanza a un ritmo vertiginoso, saltando de la comedia al terror y de ahí a la acción más desbordada, sin perder coherencia interna. Es un anime que confía en la inteligencia emocional del espectador y no le explica de más.

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Uno de los puntos donde más se nota el salto generacional es en la animación. Dandadan no busca replicar el modelo clásico de peleas prolongadas y transformaciones acumulativas. Sus secuencias de acción son explosivas, estilizadas y creativas, con un uso del movimiento y del color que convierte cada enfrentamiento en una experiencia visual única. La segunda temporada, lejos de bajar la intensidad, confirma que el impacto inicial no fue casualidad: hay una visión clara y sostenida.

Pero el verdadero corazón de la serie no está solo en su espectáculo. Dandadan funciona porque sus personajes importan. La relación entre Momo y Okarun, atravesada por la torpeza, el deseo y la complicidad, le da anclaje emocional a todo el delirio sobrenatural. En medio de fantasmas vengativos y amenazas imposibles, la serie nunca olvida que está contando una historia sobre crecer, vincularse y sobrevivir al desconcierto de la adolescencia.

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Las dos temporadas también consolidan a Dandadan como un anime que entiende el presente cultural. Su humor, su velocidad y su mezcla de géneros dialogan directamente con una audiencia acostumbrada al consumo fragmentado, a los clips virales y a la conversación constante en redes. No es casual que esté “rompiendo el internet”: cada episodio genera escenas pensadas para ser compartidas, discutidas y reinterpretadas, sin que eso le quite identidad.

Decir “olvídate de Dragon Ball” no implica negar su legado, sino reconocer que el centro de gravedad del anime de acción se ha desplazado. Dandadan no quiere ser el nuevo clásico eterno, sino el reflejo de una época más caótica, más libre y menos solemne. Con dos temporadas que confirman su potencia creativa, la serie se posiciona como uno de los títulos imprescindibles para entender hacia dónde va el anime contemporáneo. Y, por ahora, no parece tener intención alguna de bajar la velocidad.

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