En un universo tan desbordado como el de Marvel, donde cada estreno parece cargar con la responsabilidad de sostener toda una franquicia, Agatha All Along juega a lo contrario. No quiere ser un evento, no busca expandir el mapa del MCU ni promete grandes consecuencias cósmicas. Con apenas nueve episodios, la serie se concentra en un solo personaje y en un tono muy específico, y en esa decisión encuentra su mayor fortaleza. Es una miniserie que se mueve en los márgenes, pero que sabe exactamente qué quiere contar.
Derivada de WandaVision, la historia pone el foco en Agatha Harkness, interpretada nuevamente por una Kathryn Hahn que se adueña de la pantalla con una mezcla perfecta de ironía, cinismo y vulnerabilidad. Lejos de convertirla en una villana clásica o en una heroína redimida, la serie abraza su ambigüedad. Agatha es una bruja poderosa, sí, pero también una mujer rota, atrapada entre lo que fue y lo que ya no puede volver a ser. Ese conflicto interno es el motor real de la narrativa.
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Uno de los elementos más llamativos de Agatha All Along es su relación con la música. Las canciones no funcionan como simple adorno ni como guiño nostálgico, sino como parte integral del relato. Cada número musical aporta información, ironiza sobre los personajes o refuerza el tono extraño y juguetón de la serie. Marvel retoma aquí el espíritu creativo que sorprendió en WandaVision, pero lo adapta a una propuesta más oscura y autoconsciente.
En lugar de apoyarse en grandes escenas de acción o efectos especiales desmedidos, la serie apuesta por el misterio. El espectador avanza junto a Agatha tratando de entender quién es ahora, qué ha perdido y hasta dónde está dispuesta a llegar para recuperar su poder. Este enfoque, más cercano al thriller fantástico que al blockbuster superheroico, convierte a la miniserie en una experiencia adictiva, incluso para quienes ya muestran cierto cansancio frente al MCU.
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Agatha All Along no va a redefinir el rumbo de Marvel ni pretende hacerlo. Su valor está en demostrar que todavía hay espacio para historias pequeñas, personajes secundarios y riesgos formales dentro de Disney+. En un momento de evidente saturación, esta serie funciona como una rareza encantadora: breve, oscura y lo suficientemente distinta como para quedarse rondando en la cabeza del espectador mucho después de que termine el último episodio.