Solo tiene 7 episodios y es camaleónica: la miniserie de espionaje en HBO Max donde Robert Downey Jr. te sorprenderá con sus múltiples disfraces y sátira cultural
Santiago Díaz Benavides
Lector, melómano, miope curioso y cinéfilo. Me dicen El Profesor. Vivo en Bogotá con mi prometida y dos perros.

Un thriller político que se disfraza de comedia negra y drama histórico para desmontar, con ironía y lucidez, los relatos clásicos sobre la guerra y el poder.

HBO Max

Hay series que avanzan en línea recta y otras que mutan frente a los ojos del espectador. The Sympathizer, disponible en HBO Max, pertenece claramente a la segunda categoría. En apenas siete episodios, esta miniserie se transforma una y otra vez: thriller de espionaje, sátira cultural, drama histórico y comedia negra conviven en un relato que se niega a ser encasillado. El resultado es una de las propuestas más arriesgadas y estimulantes que ha ofrecido la plataforma en los últimos años.

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Basada en la novela homónima de Viet Thanh Nguyen —ganadora del Premio Pulitzer—, la serie se sitúa en el ocaso de la guerra de Vietnam y sigue a un protagonista marcado por la contradicción permanente: un espía comunista infiltrado en el ejército de Vietnam del Sur, obligado a huir a Estados Unidos tras la caída de Saigón. Desde ese punto de partida, The Sympathizer no se interesa tanto por la acción como por el desgarro identitario de alguien que nunca pertenece del todo a ningún lado.

Uno de los elementos más comentados de la serie es la presencia de Robert Downey Jr., quien interpreta múltiples personajes a lo largo del relato. Lejos de ser un simple despliegue de virtuosismo actoral, esta decisión funciona como un comentario mordaz sobre el poder occidental y su tendencia a ocupar todos los espacios del relato. Cada uno de sus roles encarna una forma distinta de autoridad, caricaturizada hasta el límite, como si la serie utilizara el disfraz para desnudar una lógica de dominación cultural.

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Espionaje sin glamour

A diferencia de otras producciones del género, The Sympathizer despoja al espionaje de cualquier halo romántico. Aquí no hay héroes ni misiones limpias. Espiar es una tarea ingrata, moralmente agotadora y profundamente solitaria. La traición no es una elección puntual, sino un estado permanente de existencia. El protagonista vive dividido entre ideologías, lenguas y afectos, atrapado en una identidad fragmentada que la serie explora con crudeza y sensibilidad.

Ese enfoque permite que el relato se aleje del espectáculo bélico tradicional y se acerque a una reflexión más incómoda: quién cuenta las historias de la guerra y desde dónde. The Sympathizer cuestiona frontalmente la mirada estadounidense sobre Vietnam, desmontando clichés y exponiendo la simplificación cultural con la que Occidente ha narrado ese conflicto durante décadas.

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El humor como bisturí

Parte de la potencia de la serie reside en su uso del humor. No se trata de una comedia ligera, sino de una sátira afilada que incomoda porque apunta en todas direcciones. El absurdo, la ironía y el exceso funcionan como herramientas críticas, capaces de revelar lo ridículo y lo violento de ciertos discursos sin necesidad de solemnidad.

En ese sentido, la serie es profundamente política, pero nunca panfletaria. Se ríe del poder, de la industria cultural, de la propaganda y de las identidades prefabricadas, sin perder de vista el dolor real que subyace a esas estructuras.

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Una dirección con sello autoral

La presencia de Park Chan-wook en la dirección es una garantía estética. El cineasta surcoreano imprime a la serie un control visual preciso, elegante y perturbador, capaz de sostener los cambios de tono sin que el conjunto se resienta. Cada episodio parece dialogar con un género distinto, pero hay una coherencia formal que mantiene el relato siempre bajo tensión.

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The Sympathizer no es una serie cómoda ni diseñada para el consumo distraído. Exige atención, paciencia y disposición para aceptar sus mutaciones constantes. A cambio, ofrece una experiencia televisiva poco común: una miniserie que se disfraza para decir verdades incómodas y que entiende la sátira como una forma de resistencia cultural.

En un catálogo cada vez más homogéneo, The Sympathizer destaca por atreverse a ser distinta. Breve, camaleónica y profundamente inteligente, es una de esas ficciones que no solo entretienen, sino que dejan una marca persistente mucho después de que termina el último episodio.

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