‘Los abandonados’: ¿es tan buena la nueva serie de Netflix que arrasa en el Top 10 global?
Santiago Díaz Benavides
Lector, melómano, miope curioso y cinéfilo. Me dicen El Profesor. Vivo en Bogotá con mi prometida y dos perros.

Dos actrices icónicas, un western ambicioso y un creador polémico: la nueva apuesta de Netflix promete mucho, pero no todo lo que brilla en el Oeste es oro.

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Netflix sabe cómo mover la aguja del algoritmo. Cada tanto, una serie aparece casi sin previo aviso y, en cuestión de días, se instala en el Top 10 global. Los abandonados es el más reciente ejemplo de ese fenómeno: un western épico, ambientado en plena conquista del Oeste, que reúne nombres de peso delante y detrás de cámara. La pregunta, sin embargo, es inevitable: ¿su éxito responde a su calidad o al empuje automático de la plataforma?

Creada por Kurt Sutter, el mismo detrás de Sons of Anarchy, la serie se sitúa en 1854, en el entonces Territorio de Washington —aunque el relato también bebe del imaginario de Oregón—, y pone en escena una disputa clásica del género: la lucha por la tierra, el poder y la supervivencia en un territorio donde la ley es frágil y la violencia siempre está a un paso. Hasta ahí, nada nuevo. El giro está en el centro del conflicto: dos mujeres lideran los clanes enfrentados, interpretadas por Lena Headey y Gillian Anderson, dos figuras que arrastran consigo un peso simbólico difícil de ignorar.

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Headey y Anderson encarnan a las matriarcas de familias obligadas a resistir la amenaza de un poder externo, corrupto y ambicioso, decidido a expropiar los terrenos del valle. En teoría, el choque entre ambas debería ser el gran motor dramático de la serie, una batalla psicológica tan intensa como las emboscadas y los tiroteos. En la práctica, esa tensión nunca termina de cuajar. Hay presencia, hay oficio, pero falta filo. La rivalidad se anuncia con fuerza, pero rara vez se siente auténtica.

Parte del problema parece estar en la propia concepción del proyecto. Sutter ha explicado que Los abandonados toma inspiración directa de los códigos de la mafia siciliana, trasladando sus lógicas de honor, venganza y lealtad al contexto del Lejano Oeste. La idea es sugerente, pero la ejecución se diluye en una sobrecarga de tramas: rebeliones indígenas, bandas de forajidos, traficantes de armas, romances imposibles al estilo Romeo y Julieta y un asesinato central que promete más de lo que entrega. Todo está ahí, pero nada termina de despegar del todo.

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A esto se suma un dato clave: Sutter abandonó la serie cuando faltaban apenas tres semanas para terminar el rodaje, tras fuertes discrepancias creativas con Netflix. El resultado fue una temporada recortada, de siete episodios —originalmente iban a ser diez—, con duraciones irregulares que oscilan entre los 35 y los 54 minutos. Tras su salida, el control creativo quedó en manos de un equipo sólido, con nombres como Mary Kathryn Nagle en el guion y productores como Otto Bathurst y Stephen Surjik, pero el golpe estructural ya estaba dado.

Visualmente, Los abandonados cumple. Los paisajes, muchos rodados en Calgary, Canadá, son imponentes y están bien aprovechados. Las escenas de acción están correctamente filmadas y no esquivan del todo la crudeza: hay amputaciones, emboscadas y violencia explícita cuando la historia lo requiere. Lo que falta es una violencia emocional más consistente, esa sensación de peligro latente que sí han sabido construir otras series recientes del género.

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En comparación inevitable con American Primeval, una de las grandes sorpresas del año, la distancia es clara. Mientras aquella ofrecía un Oeste brutal, histórico y despiadado, Los abandonados se queda en una versión más pulida y, por momentos, demasiado cómoda. No es una mala serie, y hacia el final incluso mejora, pero está lejos de ser imprescindible.

Entonces, ¿merece la pena verla? Si eres fan del western, de Headey o Anderson, o buscas algo para maratonear sin demasiadas exigencias, puede funcionar. Pero si vienes de experiencias más intensas dentro del género, es probable que el viaje se te quede corto. En el Lejano Oeste de Netflix, no todos los caminos conducen al oro.

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